Lira había dejado a Aron en la habitación, descansando en paz, mientras ella se alejaba silenciosamente de la mansión del Alfa Luca. No se atrevía a alejarse demasiado; su instinto como madre le impedía separarse del cachorro por mucho tiempo, pero necesitaba espacio para respirar, para pensar. El aire fresco de la noche le daba un breve consuelo, aunque sabía que los problemas la rodeaban.
Su pelaje plateado brillaba bajo la luz de la luna mientras avanzaba entre los árboles, siempre atenta.