Ryker
Esa semana fue un infierno. Bueno, en realidad habían sido varias, pero esa había sido la peor de todas. Kennedy no salía de mi cabeza; estaba en mis pensamientos todo el tiempo.
Había estado excitado desde que entró furiosa a mi oficina exigiendo dirigir nuestro primer día allí. Ni siquiera pude estar con las hembras que lo intentaron, y vaya que se esforzaron. Creía que nunca en mi vida había tenido tanta energía acumulada.
Mi lobo y yo tuvimos una pelea enorme la primera vez que dejé que una hembra me diera placer desde que traje a Kennedy a casa.
Estaba tan enojado que, mientras ella se esforzaba ahí abajo y yo me imaginaba el cabello rubio y sedoso de mi compañera sobre mí, él empezó a ponerme imágenes en la cabeza de ancianos, lobos decrépitos y hasta de mi madre, solo para arruinar el momento.
Después se estuvo riendo por horas. Quité a la loba de encima y me salí, dejándola muy confundida y sentada a la mitad del piso mientras yo me iba con todo muerto ahí abajo.
Había