Como era de esperarse, mi puerta estaba al lado de la suya. La situación era todavía más frustrante por lo intenso de su aroma; era delicioso y me hacía agua la boca. Aquello iba a ser un martirio. Nadie que fuera tan grosero debería verse ni oler como él; no era justo para el resto de nosotros, los simples mortales.
Cuando Robin me dejó pasar, casi me fui de espaldas y sentí que me faltaba el aire.
—¡Vaya! ¿Es en serio? No puede ser que esto sea para mí.
—Sí. Esto es suyo. Avíseme si quiere cam