Elara
—Hola, preciosa Alfa. Abre esos ojos verdes para mí. —Esa voz grave y ronca me hizo intentar recordar cómo usar los párpados.
¿Cuándo había cerrado los ojos? Parpadeé y traté de enfocar la vista, pero primero me envolvió su aroma de especias penetrantes que me revitalizaron. Abrí los ojos y me encontré con esos hermosos iris color chocolate.
Hundí el rostro en su cuello y dejé que el hormigueo de su contacto se extendiera por todo mi cuerpo como una descarga de energía. Todo el dolor había