Ben
Me aparté de Elara otra vez, despacio y a regañadientes.
—Sí. ¿Qué pasa, Emmery?
—Podemos calmar a los lobos por ti. Mantenerlos en un estado de sedación lúcida. ¿Te parece bien?
—Sí, claro. —Sonreí. Otro paso en la dirección correcta. Ya estaba harto de aprender por las malas—. Cualquier cosa con tal de mantenerlos quietos y evitar que los más salvajes se lastimen. La única instrucción absoluta que recibí es impedir que derramen sangre en esta tierra. Seguramente deberíamos asegurarnos de q