Elara
—No. —Un grito escapó de mis labios.
—Así es, Alfa cachorra. Tu manada ahora es nuestra —se burló Jeff.
Algo dentro de mí se rompió. Mi madre era inocente. No tenía nada que ver con nada de esto. Amaba y cuidaba a cada miembro de la manada como si fueran sus hijos. No merecía ser envenenada y luego asesinada tendida en una cama de hospital. Sentí el fuego arder dentro de mí otra vez. El odio hacia Jeff, hacia ese rebelde y hacia quienquiera que hubiera puesto sus manos sobre mis padres y m