Ben
¡En serio! No podía con ella. Era el tercer día consecutivo que se negaba y después peleaba conmigo por su protección. No estaba equivocada sobre la necesidad de coordinarse con Malcom, pero Junior tenía un equipo, su equipo, de su edad. Ella iba a ciegas y sola a propósito, y yo no lo entendía. Para colmo, mi lobo reaccionaba a su terquedad... con ganas de intervenir y ser su detalle de protección las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana.
—Jer, ayúdame. Me está volviendo