—Ben, tráela aquí —me llamó Rayna, y por un momento me confundí—. Quiero revisarle la pierna antes de que llegue la camioneta, ver si puedo hacer algo. —Luego se volteó hacia Elara—. Me entrené con sanadores en casa. Se me dan mejor los cachorros, pero las heridas de combate eran lo bastante comunes como para aprender.
Ni siquiera miré a Elara para pedir permiso. Confiaba en mi Luna y fui hacia ella; puse a Elara con cuidado en el suelo. Jason me lanzó unos shorts y una camiseta. Lo miré con cur