Jamás le diría esto en voz alta a Greta, pero tenía razón al volver a la cabaña y desahogarme lejos de quienes yo creía que al menos me cubrirían las espaldas. Necesitaba poner la cabeza en orden para poder lidiar con el problema. Los dejamos entrar a nuestro pequeño y tranquilo grupo de errantes y nos pusieron el mundo de cabeza. Creo que eso fue lo que más me enfureció.
En realidad no me importaba si les caía bien o si venían por mí, pero Amy y Janelle llegaron a nuestro grupo y encontraron a