—¡Sí! ¡Sí, es culpable! —gritó una mujer al borde de la multitud—. Prometió ayudarnos después de que nuestra manada quedó destruida. Tras jurar lealtad, nos dejaron pasar hambre si no la ayudábamos a obtener acceso a tu manada. Ayudamos a atacar a inocentes. Haz lo que quieras con ella —escupió la mujer—. Pero no le hagas nada a Finn. Siempre ha cuidado de nosotros, se quedaba sin comer para que tuviéramos suficiente. Se oponía a sus deseos cuando ella quería que nos castigaran.
— Finn, tienes e