—¿Quién eres? —pregunté de nuevo.
—¿Todavía no lo has descubierto? —preguntó entre risitas.
—No. Sí. Tal vez. Pero suena estúpido hasta en mi cabeza —respondí, frustrada; solo quería una respuesta directa.
—Soy tu loba.
—¡¿En serio?! —exclamé—. ¿Siempre has estado ahí? ¿Solo esperando y observando? —Sentí un destello de irritación y luego me sentí mal. Ni siquiera conocía sus razones todavía.
—He sido tuya por mucho tiempo, pero no podía conectarme contigo hasta que fueras marcada.
—¡Fue un gran