—Puedes golpearlo más tarde. Tengo hambre, ¡a comer! —se rio ella mientras entraba a la cabaña junto a Bennet.
El almuerzo estuvo increíble. Nos enteramos de que mi padre estaría de vuelta de sus viajes en los próximos días y que podría estar incluso más emocionado que mi madre por conocer a Kennedy. Mi mamá tenía esa facilidad natural para atraer a los demás y, al igual que Bennet, logró que Kennedy se abriera sobre su infancia y sobre cómo fue crecer con el conocimiento de los hombres lobo y l