—¿Puedo...?
—Nada de exigencias ni peticiones de tu parte. Sigo enojada contigo —le dije mientras tocaba la parte exterior de mis muslos y deslizaba los dedos hacia arriba por mi abdomen. Él soltó un gemido de dolor, pero mantuvo la boca cerrada, así que dejé que mis dedos subieran hasta el sostén de encaje negro que completaba mi conjunto de lencería. No era que brindara mucho soporte, pero era lindo, suave y no ocultaba absolutamente nada.
Deslicé mis dedos sobre mis pezones, completamente er