—Eres una maldita provocadora. Quiero saber qué tan mojada estás por mí.
—Deberías mirar hacia abajo. Estas bragas de encaje están arruinadas por tu culpa. Mantén las manos en el colchón. Buen chico. ¡Oh, MIERDA! ¡SÍ! ¡Ahhh!
Hundí mi sexo en él con tanta fuerza que el encaje empezó a lastimarme en donde se había movido. Sin embargo, no me detuve hasta dejar pasar toda la ola; aquello era demasiado bueno. Las paredes de mi coño seguían vibrando y palpitando, pero finalmente me moví para bajarme d