La emoción era indescriptible. No había manera de que me sintiera más feliz ahora, que ver a mis pequeños gatear corriendo hacia mí al punto de aferrarse a mis piernas. Esas que sentía que iban a perder fuerza por lo impactante que mis ojos han visto.
— ¡Vaya, ya están gateando! — dice Zaid sorprendido.
— Es increíble. Mis hermosos bebés son tan inteligentes. Ya gatean. — digo bajándome a su altura y tomando a los cuatros como puedo, mientras ellos se aferran a mi cuerpo, mostrando cuanto nos e