El aire del castillo parece tornarse demasiado frio para mi gusto y yo miro al reloj en la pared que marcan más de la medianoche. Por lo que, miro a la mujer que nos observa sonriente, como si fuéramos un mal chiste para ella.
— ¡Mamá, has despertado! — dice Lowell soltando la mano de su madre y corriendo hacia mí con evidente emoción.
‘Guarden las armas, sigue queriéndome mucho’ digo mentalmente cuando el pequeño corre hacia mí.
— Cuidado, mi amor, puedes caerte y no quiero que te lastimes en