Amira miró la mesa con entusiasmo desbordante, ignorando por completo el duelo silencioso de miradas entre los dos hombres. En ese momento, nada le importaba más que la comida frente a ella. Al descubrir varios de sus platillos favoritos, su sonrisa se amplió y, sin perder tiempo, se sentó a la mesa.
—¡Qué rico! Bolas de verde con queso y chicharrón, huevo frito y juguito de carne mechada. Muy bien, Iván, te has superado —dijo con admiración mientras inspeccionaba el banquete.
Iván sonrió con sa