Te espero para el desayuno.
—¿Cómo conoces a ese ser? —preguntó, con voz entrecortada por la ira contenida—. Amira, dime si te hizo daño, si te intimidó…
Amira lo miró sorprendida; nunca había visto a David tan fuera de control. Recordó las palabras de Iván y, consciente de la necesidad de calmarlo, tomó con suavidad su mano y lo guio para que se levantara de la mesa. Sin decir nada, lo llevó hacia el sofá en la sala, invitándolo a sentarse a su lado.
David, aunque aún tenso, permitió que ella lo guiara, dejándose llevar p