Iván se quedó en silencio, impresionado. La idea de que sus feromonas pudieran ayudar a proteger a Amira y a la cría ahora le parecía tan natural como respirar.
—Gracias, doctora, ya sé lo que debo hacer —dijo el Entero, con una determinación inquebrantable en su voz—. Y cuento con su total discreción; seguramente ya se habrá dado cuenta de todo lo que está en juego.
La doctora Miroslava mantuvo la compostura, asintiendo con respeto.
—Descuide, Su Alteza. Tiene mi total lealtad —respondió, bajan