Tres días después de la batalla, Aria todavía no había dormido una noche completa.
Las pesadillas venían cada vez que cerraba los ojos. Rostros de lobos que había matado. Rostros de lobos que habían muerto protegiéndola. El sonido de huesos rompiéndose. El olor a sangre y humo.
“Necesitas descansar.” Elena le dijo por cuarta vez esa mañana. “Tu cuerpo está sanado, pero tu mente necesita tiempo.”
“No tengo tiempo.” Aria respondió, revisando otra lista. “Necesito visitar a las familias de los caí