El rugido de Aria resonó a través de Los Alcores como un trueno antiguo.
Cada lobo en el campo de batalla se congeló. Sus lobos reconocían lo que veían, incluso si las mentes humanas no podían comprenderlo.
La Primera Loba.
La madre de todas las manadas.
Aria no entendía completamente lo que le había pasado. Solo sabía que cuando vio a Lucian herido, cuando vio a Alfonso a punto de matarlo, algo dormido en su sangre se había despertado.
Y ahora se sentía diferente.
Más grande. Más fuerte. Más…