Los primeros tres días después del café fueron los más extraños que Aria había experimentado desde que descubrió que era loba.
Ella y Anastasia se reunían diariamente. Siempre en lugares públicos. Siempre sin escolta. Siempre con el pretexto de preparar detalles del ritual.
Pero poco a poco, las conversaciones fueron cambiando.
No de preparación a amistad exactamente. Era algo más sutil que eso. Algo que ninguna de las dos nombraba porque nombrarlo significaría admitir que los límites entre ell