El café era exactamente lo que Aria esperaba. Pequeño, acogedor, con paredes de ladrillo expuesto y el aroma de café fresco flotando en el aire. Mesas de madera dispersas, algunas ocupadas por personas que tecleaban en laptops o leían libros.
Normal. Mundano. El último lugar donde esperarías que dos herederas sobrenaturales discutieran el destino del mundo.
Anastasia estaba sentada en la esquina más alejada, con una taza de café frente a ella. Vestía ropa simple, jeans y suéter color crema, sin