Cinco días. Cinco días bajo el mismo techo que ella, cinco días viéndola cada amanecer, oyendo su voz, soportando su frialdad y observando cómo el rostro que había amado con todo su ser ahora lo despreciaba con una hostilidad que dolía más que cualquier puñal.
Henrry se esforzaba cada segundo por no romper su papel, por mantenerse como Kaer, uno más, pero no era fácil. No cuando ella lo observaba con ese juicio duro, como si él cargara una mancha invisible, como si su alma apestara.
—Otra vez