“El contratista consiente en satisfacer las necesidades sexuales del contratante cuando y donde se le solicite…”
Debí haberlo pensado mejor; qué tonta fui al ignorarlo. Y aun así, en el fondo sabía que no cambiaría nada; había demasiado en juego. Tal vez me habría perdonado por mi pequeño desliz, pero esto era otra prueba, y si fallaba… no podía permitirme fallar.
Bajé el tirante de mi vestido, quitándomelo muy despacio.
El estómago se me revolvió, pero no eran mariposas. No. Era pánico. Estaba