Capítulo Once

“El contratista consiente en satisfacer las necesidades sexuales del contratante cuando y donde se le solicite…”

Debí haberlo pensado mejor; qué tonta fui al ignorarlo. Y aun así, en el fondo sabía que no cambiaría nada; había demasiado en juego. Tal vez me habría perdonado por mi pequeño desliz, pero esto era otra prueba, y si fallaba… no podía permitirme fallar.

Bajé el tirante de mi vestido, quitándomelo muy despacio.

El estómago se me revolvió, pero no eran mariposas. No. Era pánico. Estaba
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