Thane regresó tarde. Se detuvo en la puerta, sus ojos recorriéndome de arriba abajo.
Estás herida, ¿verdad? —preguntó.
No —mentí—, pero una mirada suya me dijo que lo había notado. —Sí —admití.
Lo siento —se disculpó, pero no hubo promesa de que la próxima vez sería más suave. Me había advertido, solo para que pudiera prepararme. Sí, era más de lo que jamás podría prepararme, pero al menos sabía en qué me estaba metiendo.
Me gustó mucho —le dije— y sus ojos se iluminaron.
¿De verdad?
Sí, pensé