Capítulo 84.
—Bría— Murmuré entre dientes. Su cuerpo cayó laxo hacia atrás.
—Maldita sea.
—¿Qué dirección tomo señor?
— A la mansión. Si no despierta en menos de cinco horas. La llevaré a emergencias.
La abracé hacia mi pecho. Habíamos perdido nuestros abrigos en el accidente.
Me preocupaba, me preocupaba el hecho de que su cabeza estuviese en un estado de caos. Yo más que nadie, conocía el peso de la mentalidad, de lo que tus miedos podían llegar a hacerte. De cómo inclusive, destrozaban tu es