—Debes estar bromeando. Ni siquiera haz visto a las demás. A parte no es muy agraciada, la dejamos sin comer dos días pero sigue gorda— cerré los ojos obligando a mi poco auto control a llevar las riendas. No podía crear sospechas sobre mi interés en la muchacha.
—¿Cuántos años tiene?— pregunté lo que ya sabía. — No pasa de los veinte. Es de las nuevas, y vaya que da pelea, es todo una fiera— balbuceó acariciándole la mejilla. —Pero detrás de ello puede haber una fiera. Te la dejo en veinte mil