Al salir siento el estómago revuelto y sin más agacho la cabeza para vomitar. Suelto lo poco que ingerí este día y la ilusión que tenía por cenar cereal con leche desaparece. Solo cuando el temblor en mi cuerpo disminuye, y el asco desaparece, es que me permito mirar a mi alrededor. No hay señales de un alma. Solo las marcas que dejaron los neumáticos de esos autos en el asfalto. Los huesos me duelen, el frío me quema en la piel de mis mejillas pero aún así, regreso la cabeza hacia el contenedo