Cuando supe la verdad, sentí que el mundo se me venía encima, todo lo que había creído, respaldado. Aquello que más me había dolido en el alma, era mentira, una confusión que me negué a observar y ahora, no sólo yo estoy pagando las consecuencias.
Creí que ella era la culpable, que su padre solo se había echado la culpa para salvarla de prisión. Y en cierta forma fue así, con la diferencia de que la verdadera culpable de todo fue la vida, fueron las circunstancias del momento, fue el destino.
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