Capítulo 4
Una hora más tarde aterrizamos.

En el trayecto al hotel, Alex y yo no intercambiamos una sola palabra. Subí con mi maleta a la habitación y almorcé por mi cuenta.

Alex había dicho que venía para acompañarme, pero en realidad no se separaba de Andrea.

Quizá era mejor así. Después de todo, yo tenía a mi asistente de IA.

Más tarde, bajé al vestíbulo para salir. Mi asistente de IA había organizado con precisión cada día del viaje y hasta me había preparado un itinerario detallado. Apenas iba por la mitad cuando alguien me arrebató el celular.

Levanté la cabeza y vi la sonrisa satisfecha de Andrea.

—Vaya, qué itinerario tan detallado. Alex, seguro que lo preparaste especialmente para Lucía, ¿verdad?

Fruncí el ceño e intenté recuperar el celular, pero Alex ya lo había tomado de las manos de Andrea. Lo revisó por encima y frunció el ceño.

—No lo escribí yo.

Luego me miró.

—Hasta donde sé, no tienes paciencia para hacer algo así. ¿Quién te ayudó?

Le quité el celular, molesta, sin reparar en que parecía inquieto.

—Eso no es asunto tuyo. Pero ¿de verdad te parece bien invadir la privacidad de otra persona así, sin permiso?

No lo dije con mala intención. Después de soportar el alboroto de los dos durante todo el trayecto, cualquiera habría estado de mal humor.

Sin embargo, Andrea tergiversó mis palabras. Retrocedió dos pasos con los ojos llenos de lágrimas.

—Alex, Lucía, ¿no quieren que viaje con ustedes? Claro… Los buenos estudiantes solo quieren juntarse con otros buenos estudiantes. Yo no estoy a su altura.

Se secó una lágrima y se volvió para marcharse. Alex la detuvo y luego me miró, cada vez más alterado.

—Lucía, ¿no crees que te pasaste? No es más que un itinerario. ¿De verdad tienes que protegerlo como si fuera un tesoro?

Miré a los dos y, de pronto, comprendí que sí: aquel itinerario era un tesoro para mí.

—Sí, tengo que protegerlo. Por insignificante que te parezca, alguien se esforzó para prepararlo pensando en mí. Yo seguiré el itinerario por mi cuenta. Ustedes hagan lo que quieran.

Tomé mis cosas y pasé junto a Alex sin detenerme.

Desde el principio había planeado viajar sola. Alex tenía razón: ya era hora de aprender a valerme por mí misma. Por eso no dudé. Seguí la ruta que mi asistente de IA había preparado y, después de una hora, conseguí llegar a la playa sin ayuda.

El mar era precioso.

Entonces recordé el día en que quise verlo por primera vez. Había percibido un tenue aroma en Alex y le pregunté qué era. Él fingió misterio, aunque las orejas se le pusieron rojas.

—Huele a brisa marina.

Luego añadió:

—Lucía, cuando terminemos el colegio, ¿quieres ir a ver el mar conmigo? Después entraremos juntos a la Universidad Nacional de Nueva Aurelia, como siempre hemos dicho.

Aquel día fui inmensamente feliz. Durante años, estudiar juntos en la Universidad Nacional de Nueva Aurelia había sido otro de esos planes que yo daba por sentado que cumpliríamos.

Pero ahora, de aquella promesa de ir a ver el mar, solo yo había cumplido mi parte.

Tomé una foto y se la envié a mi asistente de IA. Respondió al instante.

"Mira hacia atrás".

El corazón se me aceleró. Me volví de golpe, pero dos siluetas bloquearon mi vista.

Eran Alex y Andrea.

Me puse de pie e intenté mirar detrás de ellos, desesperada.

No había nadie.

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