A partir de aquel día, Alex intentó disculparse de todas las formas posibles.
Me enviaba mensajes interminables. Le pedía a Mónica que viniera a interceder por él y que me recordara su juramento y nuestras promesas de infancia. Repetía una y otra vez que cumpliría su palabra y cuidaría de mí toda la vida.
Al final, solo le pedí a Mónica que le transmitiera una frase:
—Ya crecí. No necesito que Alex siga cuidándome por una promesa que hizo cuando éramos niños.
Desde entonces, Alex dejó de buscarm