"¿Qué color de cabello crees que me quedaría bien?"
"Tienes la piel clara. Podrías teñírtelo de castaño".
"También quiero cambiar mi forma de vestir".
"Tienes mucha presencia, así que casi todo te queda bien. Te recomiendo un estilo minimalista".
"¿Y adónde debería ir en mi viaje de graduación?"
"Por lo que veo en tu perfil, te gusta el mar. Ve a Isla Mareluna".
"Está bien".
Al instalarla, había aceptado vincular mi perfil, pero aun así me resultaba extraño que una inteligencia artificial pudiera interpretar tan bien mis publicaciones.
***
Durante esos días, mientras aprendía a dejar de depender de Alex, empecé a consultarle todo a mi asistente de IA. Sin embargo, notaba algo distinto en sus respuestas. A diferencia de otros asistentes virtuales, este parecía inquietantemente humano.
El día antes de partir hacia Isla Mareluna, decidí ponerlo a prueba con cautela.
"Me sentiría un poco sola contemplando el mar. ¿Podrías venir conmigo?"
"¿Estás segura?"
Mis dedos se detuvieron sobre el teclado. ¿Una IA acababa de responderme con otra pregunta?
Pero enseguida cambió de tono.
"Estoy aquí. No me esconderé, no huiré ni me apartaré. Estaré listo para sostenerte".
Exhalé, resignada, y me puse a preparar el equipaje.
Lo que jamás imaginé fue que al día siguiente me encontraría con Alex en el aeropuerto.
Aunque vivíamos cerca, llevábamos diez días sin vernos. Había hecho lo que me pidió: dejé de seguirlo a todas partes y empecé a respetar su espacio. Tampoco pensaba saludarlo.
Pero entonces Andrea Rocha, una compañera del colegio, apareció corriendo detrás de él.
—¡Lucía!
Se me erizó la piel y giré la cabeza, tensa. Al mirar a Alex, alcancé a notar el fastidio en su expresión. Además, llevaba en la mano la maleta de Andrea.
Así que ellos harían juntos el viaje de graduación.
Me dolió verlos así, pero aparté la vista sin mostrar emoción. Para mi desgracia, Andrea tomó a Alex del brazo y lo llevó hasta mí.
—¡Qué casualidad! ¿Tú también viajas hoy?
Luego miró a Alex con fingido reproche.
—Lucía y yo volamos el mismo día. Después de tantos años de amistad, ¿ni siquiera viniste a despedirla? Qué poco considerado.
Cuanto más la escuchaba, más incómoda me resultaba la situación. Sin embargo, Andrea siempre había sido así de espontánea y directa, de modo que no le di importancia. Solo quería escapar cuanto antes de aquel momento incómodo.
Pero Alex me detuvo con el ceño fruncido.
—Lucía, ¿de verdad tenías que seguirme hasta aquí?
Su voz estaba cargada de impaciencia. No recordaba haberlo visto nunca así, y ni siquiera me dio la oportunidad de explicarme.
—Han pasado apenas unos días y ya volviste a lo mismo. Le prometí a tu madre que cuidaría de ti, pero también necesito mi espacio.
Cerré los ojos un instante y levanté una mano para interrumpirlo.
—¿Crees que vine a buscarte?
Alex pareció desconcertado por mi tono.
—¿Y qué otra cosa podría ser?
Solté una risa incrédula.
—Hoy viajo a Isla Mareluna.
Le señalé mi reloj.
—Tengo prisa. ¿Querías decirme algo más?
Alex me examinó con una expresión indescifrable. Solo entonces pareció notar que me había teñido el cabello y que vestía de una manera distinta. Ni siquiera le había contado que pasaría mi viaje de graduación en Isla Mareluna, cuando antes lo habría perseguido para pedirle opinión una y otra vez.
Al volver a hablar, su voz sonó extraña.
—¿Por qué no me lo dijiste antes?