Para mi sorpresa, dormí bien. Pese a estar dolida por la muerte de mi novio no me di tiempo a sufrir por no tenerlo, por no estar con él en la que hubiera sido nuestra primera noche de bodas.
Dormí profundamente, sobre todo porque al regresar a la habitación después de la cena, en el botiquín de primeros auxilios conseguí otros productos con los qué curar las heridas de la soga y me tomé un analgésico. Tal vez por eso fue que no me dio tiempo a pensar en Siem y sufrir su ausencia. Tan profund