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Capítulo 6: ¡Se fue por aquí!

Reclinada en la bañera, Allison giró la cabeza y la miró con calma.

—No lo tomé. Ve y denúnciame si quieres.

Ella se quedó desconcertada. No esperaba que Allison fuera tan atrevida.

Sabía que Allison tenía una enfermedad mental, y que a los locos no se les podía creer. Si la atrapaba con las manos en la masa, podría denunciarla ante Nigel y ganarse su favor. Una vez que Allison fuera etiquetada como ladrona, cualquier cosa que desapareciera en el futuro podría echarse sobre ella. Al fin y al cabo, era la loca.

Pero para que la acusación funcionara, necesitaba pruebas sólidas. Antes había revisado las grabaciones de las cámaras, pero no había nada que mostrara a Allison tomando su teléfono.

Aun así, estaba convencida de que Allison lo había robado. El baño era tan grande. ¿Dónde podría haberlo escondido?

Ella sacó a Allison de la bañera de un tirón. Al no encontrar el teléfono en su cuerpo, empezó a registrar todo el baño. En el momento en que intentó abrir el depósito del inodoro, Allison corrió y tiró de la cadena.

Al ver el gesto nervioso en el rostro de Allison, Ella reaccionó rápido y levantó la tapa del inodoro. Pero dentro solo había agua corriendo. Nada más.

¿Acaso el teléfono se había ido por el desagüe?

Ella aprovechó eso de inmediato y señaló a Allison con expresión arrogante.

—¿Robar? ¡El señor Nigel no te lo dejará pasar!

Salió corriendo emocionada para ir a denunciarlo.

Nigel estaba en su habitación, inquieto. No podía quitarse de la cabeza la sensación de que Allison había cambiado desde que volvió. Ya no parecía tan cercana como antes. Con el ánimo alterado, se levantó y sacó un collar que había preparado para ella.

El año en que murió su padre, Allison perdió interés en todo excepto en ese collar. Pero en ese entonces, él y Toby estaban ocupados con los asuntos de la familia, y nadie tuvo tiempo de cumplir ni siquiera ese pequeño deseo suyo.

Nigel murmuró para sí mismo:

—Si después de aceptar este regalo todavía se niega a portarse bien, entonces es simplemente una ingrata.

Justo cuando estaba a punto de ir a buscar a Allison, Ella llegó corriendo, como si fuera a decir algo. Pero antes de que pudiera hablar, Ruth agarró a Nigel del brazo, presa del pánico.

—¡Nigel, rápido! ¡Ve a ver a Sherrie, le está dando otro ataque!

Un momento después, el pasillo se llenó de pasos apresurados y de los sollozos de Ruth. Tras unos minutos, todo quedó en silencio.

Allison salió de su habitación con el cabello aún mojado y los pies descalzos sobre el suelo frío. La villa estaba tan silenciosa que podía oír los latidos de su propio corazón. Sabía que esa noche, a nadie le importaba que hubiera regresado. Sherrie siempre hacía lo mismo. Cada vez que algo importante le ocurría a Allison, Sherrie tenía un “episodio” y se llevaba toda la atención.

Durante el examen de ingreso a la universidad de Allison, Sherrie derramó agua sobre su comprobante de admisión, entró en pánico y sufrió un ataque de asma.

Para llevar a Sherrie al hospital de inmediato, empujaron a Allison fuera del coche, y estuvo a punto de perder el examen.

En la ceremonia de mayoría de edad de Allison, Sherrie estaba tan “feliz” por ella que volvió a tener otro ataque. Allison se quedó sola en el banquete, obligada a soportar todas las miradas y los susurros por su cuenta.

Incluso en el segundo aniversario de la muerte de su padre, Sherrie armó un escándalo. Se arrodilló frente a la tumba, se abofeteó a sí misma y lloró diciendo que ella era la que había arruinado a la familia. Luego se desmayó de la pena. Después de eso, Toby y Ruth decidieron que no volverían a hacer conmemoraciones, diciendo que era para evitar recuerdos dolorosos.

Allison esbozó una sonrisa fría. Con razón la hierba de la tumba de su padre había crecido tanto. Mientras ella estuvo en el hospital psiquiátrico, nadie se molestó en cuidarla. Y ahora, hoy mismo, Sherrie había tenido otro ataque, solo para demostrar que nada había cambiado, ni siquiera después de que Allison regresara.

Las palabras de Ruth, recordándole que seguían siendo una familia, le dejaron una sensación profunda y dolorosa. Qué broma tan cruel.

Durante su tiempo en el hospital psiquiátrico, pensamientos oscuros solían llenar la mente de Allison. ¿Y si Ruth nunca hubiera traído a Sherrie de vuelta? ¿Y si Ruth nunca hubiera sido salvada en primer lugar?

Pero con el paso del tiempo, el amor se desvaneció, y hasta el odio se volvió insípido. Al final, ya no quería a Toby, ni a Nigel, ni a Ronan. Solo quería salir de ese hospital y conservar las pocas cosas que su padre le había dejado.

Pero antes, tenía que sobrevivir.

Allison alzó la vista hacia el segundo piso, donde solía estar su antigua habitación. Su expresión se ensombreció.

***

En la casa de empeños.

El empleado deslizó rápidamente una tarjeta bancaria por la ventanilla.

—Empeño muerto, tres meses. Sin prórroga. Hay 300.000 dólares en la cuenta, sin contraseña.

Allison tomó la tarjeta y la apretó con fuerza en la mano.

Era una casa de empeños del mercado negro. No pedían identificación ni preguntaban de dónde venían las cosas. Ella llevaba algo, y ellos lo empeñaban.

Había empeñado una pulsera, uno de los recuerdos de su padre. En tres meses, necesitaría 500.000 dólares para recuperarla.

Toby había manipulado su registro familiar y reemplazado sus huellas dactilares por las de Sherrie. Así que, aunque Allison fuera personalmente a renovar su identificación, no podría hacerlo.

Sin identificación, ni siquiera podía abrir su propia cuenta bancaria. Esos 300.000 dólares eran el único dinero real que tenía.

Después de guardar la tarjeta, Allison se envolvió el rostro con la bufanda y preguntó:

—¿Ya se vendieron las pastillas Alphasirox?

El empleado señaló un callejón detrás de la tienda.

—Aún están al fondo.

Allison le dio las gracias y corrió hacia el callejón oscuro. Las pastillas Alphasirox eran excelentes para tratar lesiones internas, pero como todavía estaban en fase de pruebas y no habían salido al mercado, eran extremadamente difíciles de conseguir. El único lugar para obtenerlas era el mercado negro.

Al girar la esquina con prisa, chocó inesperadamente con alguien.

Con su cuerpo débil, perdió el equilibrio por el impacto, y la tarjeta que llevaba en la mano salió volando.

Sobresaltada, estiró la mano para atraparla, pero un par de manos fuertes sujetaron sus brazos. Antes de que pudiera reaccionar, su espalda se estrelló contra la áspera pared de ladrillo. El dolor recorrió todo su cuerpo, arrancándole un jadeo brusco.

En ese momento, unos pasos pesados resonaron en el callejón.

—¡Se fue por aquí! ¡Ese tullido seguro que no ha llegado muy lejos!

Allison se quedó helada y levantó la vista instintivamente hacia el hombre que la tenía contra la pared. Él se quitó la chaqueta con rapidez y la arrojó a un rincón oscuro.

Entonces sintió algo duro presionando contra su bajo vientre. Era un bastón de metal.

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