Nigel no quería hablar de eso. Desde que Allison había sido encerrada en la sala psiquiátrica, el hospital Rogers de alguna manera había perdido su toque cuando se trataba de casos raros y complicados. Los pacientes habían comenzado a marcharse uno tras otro.
¿Perdió su toque de la noche a la mañana? ¿Qué clase de explicación era esa?
Nigel sacudió la cabeza. —No lo sé. Las recetas son las mismas. Simplemente ya no funcionan.—
Ronan murmuró: —Eso es extraño…—
Nigel bajó la voz. —A veces pienso