Capítulo 87 —Epílogo
Narrador:
El sol de la tarde pintaba el cielo con tonos dorados y rosados, bañando el jardín con una luz cálida y serena. Una brisa suave mecía las copas de los árboles, y el sonido de las risas infantiles llenaba el aire con una melodía que a Maya le parecía la más hermosa de todas.
Desde el porche, con una taza de café en las manos, los observaba con el corazón latiéndole en el pecho de pura felicidad.
Theo, con sus siete años recién cumplidos, corría a toda velocidad por