CRUELLA
Mis ojos se abrieron de golpe en cuanto las paredes rocosas aparecieron ante mí. No. No… esto no podía ser.
—¿Esto es… Greenville? —susurré para mí misma, con el corazón acelerado—. ¿Cómo demonios estoy en Greenville?
Parpadeé. Una vez. Dos veces. Una docena de veces. Tal vez lo estaba alucinando. Tal vez el trauma finalmente había destrozado mi cerebro. Pero no—esto era real. El aire húmedo familiar, el silencio inquietante, el sabor metálico de la magia… este era mi hogar. O al menos