Los indígenas se alarmaron por el disparo y se levantaron en pánico y en alerta, empuñando sus palos de madera.
Nicole y Nathaniel intercambiaron miradas. Nathaniel se veía serio y sus ojos estaban alertos. Se llevó el dedo índice a los labios e hizo un gesto de silencio.
Entonces, escucharon innumerables pasos apresurados. Los indígenas corrían y pisaban las ramas de los árboles, y sus bocas gritaban un idioma incomprensible.
Sonaba como si se tratara de una seria advertencia.
Los furiosos