Un frío helado recorrió el cuerpo desnudo y cubierto de marcas de amor de la joven. Las sábanas se habían caído en alguna parte del suelo del cuarto de su jefe y ahora estaba vulnerable a la baja temperatura que de repente la había golpeado.
Aun con los ojos cerrados se acurrucó aún más en el colchón y tanteó el otro lado de la cama, exigiendo aún en silencio que el cuerpo de su amante la envolviera entre sus brazos y le compartiera su calor.
Pero cuando su mano tanteó la zona, estaba vacía y