Elena guio a su hija hasta la habitación que César había ordenado preparar. Las paredes del dormitorio eran rosa pastel, un color que a Luna le encantaba.
—¡Mami, es muy bonito! —chilló la niña emocionada.
Lo era en realidad.
Un mueble empotrado color crema cubría toda la pared principal. En el centro de este armario había un nicho donde encajaba la cama, decorada con un cabecero tallado y un dosel de volantes.
La decoración era hermosa y sofisticada.
Con peluches en lugares específicos, corti