Xander revisó su reloj de pulsera por tercera vez en menos de diez minutos. Desde que llegó a la oficina esa mañana, no había dejado de pensar en el momento en el que tendría que pasar recogiendo a Luna en la escuela. Aquella era una nueva rutina que, de ninguna manera, podía olvidar. Justo cuando se ponía en pie para abandonar el despacho con el tiempo justo para pasar por ella, el sonido de la puerta abriéndose lo detuvo en seco. Al ver a Claudia allí plantada, sintió una punzada de irritació