Para Evans, la parte más dolorosa de bajar del avión fue despedirse de su hijo. Mateo ni siquiera la miró. Su expresión decaída dejaba ver lo que ahora pensaba de ella.
—Hijo, te juro que…
El chico giró el rostro, siendo arrastrado por otros oficiales. No quería escucharla y eso le partía el corazón.
—¡Mi amor, te prometo que no va a pasarte nada malo! —siguió con las lágrimas nublándole la vista—. ¡Eres inocente, confía!
Por un momento había querido decir: «Somos inocentes», pero lo sintió dem