Luna repitió con más detalle el extraño encuentro que tuvo con la exenfermera.
—¿Entonces dices que ella te abrazó y luego sentiste el pinchazo de la abeja?
—Sí, mami.
Para Julieta todo empezaba a tomar forma. «Una abeja», bufó. En realidad, esa maldita mujer había intentado asesinar a su hija. Pero, claro, quién mejor que ella para conocer la debilidad de la pequeña; después de todo, había estado al tanto de todo su historial clínico.
—Julieta… —habló Xander, y en su tono pudo notar que se ocu