CAPITULO 83

AARÓN

Salí disparado de la Torre Knox con Amelia perdiendo el conocimiento en mis brazos, cargándola en un movimiento limpio y rústico. Al llegar al estacionamiento, la acomodé en el asiento del deportivo y fue ahí donde el maldito pánico me congeló la sangre: el borde de su falda tenía una mancha de sangre roja y espesa que se extend&iacu

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