Mundo ficciónIniciar sesiónAARÓN
Acomodé a Amelia en la silla de ruedas con un cuidado absoluto, asegurándome de que la cobija ligera le cubriera bien las piernas y que la herida de la cesárea no le molestara con el movimiento. Traía el rostro pálido por la pérdida de sangre, pero los ojos le brillaban con una ilusión tan pura que me borraba de golpe todo el cansancio acumulado.
—Despacio, Aarón, no te me vayas a de







