81. Estoy loca
Heinz la miró, a merced de su poder. Sus mejillas estaban calientes, ruborizadas y un poco sudadas, con mechones de su cabello oscuro despeinado. Sus rostros estaban tan cercanos que apenas podían contener las respiraciones entrelazadas. En ese momento, él era consciente de que Ha-na estaba completamente en sus manos, de que su vulnerabilidad en ese lugar tan cerrado dependía únicamente de su voluntad de continuar. Podía ver en sus ojos la mezcla de nervios y deseo, y esa combinación de emocion