55. El baño
Al deslizar la camisa húmeda de Heinz por sus hombros, no pudo evitar mirar su piel al descubierto, su torso firme y esculpido. Nunca se había detenido a observarlo de esa forma; Después de todo, él no era más que un joven molesto, alguien a quien debía tolerar, alguien con quien había hecho un pacto que siempre demostró un error. Pero, ahora, frente a ella, su cuerpo le hablaba de un hombre que jamás se había permitido ver. A medida que lo despojaba de las prendas, hasta dejarlo solo en bóxers