20. La negación
Ha-na apretó los labios con fuerza al escuchar las palabras de Heinz. El tono de su voz, tan frío y calculador, le revolvía el estómago. "Un beso o diez mil dólares", repetía en su mente. ¿Cómo podía ser tan insensible? Para él, todo parecía una transacción, un juego de poder. No importaba lo que ella sentía, lo que pensaba. "Ya te lo dije, eres mía… Tú, me perteneces." Esas palabras la hacían hervir por dentro.
—Yo no soy de nadie. No soy un objeto —respondió Ha-na, cargada de ira, pero al mis