157. El enojo
La oficina de Heinz estaba sumida en un silencio inquietante, roto solo por el murmullo lejano de los empleados y el sonido ocasional de las hojas de los informes que se movían con la brisa del aire acondicionado. Desde su silla de cuero, Heinz miraba fijamente hacia la ventana. El cielo, gris y opaco, reflejaba su estado de ánimo. Cada rincón de su despacho parecía vacío, carente de la vida y el calor que antes irradiaba.
Había días en los que, al llegar a la empresa, su primer impulso era det